La diputada electa del Distrito 16 cuestiona la falta de planificación estratégica en O’Higgins, plantea una “nueva ruralidad” como eje de desarrollo y llama a reconstruir una política capaz de proyectar la región a 40 años.
Por Nathalie Alegría Díaz
Se presenta como “nacida y criada en Colchagua”. Ingeniera comercial, magíster en Gobierno y Sociedad y finalizando otro en Marketing, Carolina Cucumides Calderón tiene una larga trayectoria no solo en el mundo político de la Región de O’Higgins, sino también en espacios donde se han pensado y debatido políticas públicas. Fue gobernadora provincial de Colchagua durante el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, y ha sido parte de espacios nacionales e internacionales donde se han debatido políticas públicas, para el país y región.
Tras dos intentos fallidos como candidata a diputada —en 2017 y 2021—, en octubre pasado logró la segunda mayor votación del Distrito 16. Sus más de 23 mil votos de respaldo la convirtieron en la mujer con mayor votación para el cargo en la región, lo que la llevará a ocupar un escaño en la Cámara desde marzo próximo.
Se define como persistente y perseverante, cualidades necesarias para mantenerse en política. “Cuando uno cree en el servicio público y en el aporte de lo colectivo por sobre los liderazgos personales, se pone a disposición de procesos de cambio. Y eso también es un mensaje importante para las mujeres y las jóvenes, porque este mundo político es complejo para nosotras. En política uno no puede dejarse avasallar por los vaivenes o los fracasos. De los fracasos se aprende”, afirma, mientras acomoda su característica cabellera roja.
Con claridad respecto de las ideas que quiere instalar en el Parlamento, Cucumides también tiene definida una visión de futuro no sólo para el Distrito 16, sino para toda la región, cuya riqueza y potencial —afirma— no han sido suficientemente aprovechados. Un análisis que también está cruzado por su mirada política, en especial de la centro izquierda, sector al que pertenece.
Una región rica, sin mirada futura
O’Higgins es una de las regiones más productivas del país. Concentra parte importante de la agricultura de exportación, a través de las grandes empresas; la agricultura familiar campesina aporta en la seguridad alimentaria de la región y país, tiene costa, minería, turismo, agua y cuenta con una universidad pública. Sin embargo, para Carolina Cucumides, esa suma de activos no ha sido capaz de convertirse en un proyecto ambicioso y virtuoso.
“No hay una planificación estratégica de nuestra región, con todo lo que tenemos”, afirma. La frase no apunta a un gobierno en particular, sino a una forma de administrar el territorio que, a su juicio, ha privilegiado la reacción por sobre la visión de la región que queremos.
En comunas como San Fernando, Chimbarongo, San Vicente, Pichilemu o Navidad —donde conviven agricultura, servicios y turismo—, esa falta de articulación se traduce en economías fragmentadas y dependientes. “Algo nos pasa: no nos creemos el cuento. Miramos siempre a Santiago como guía y nos olvidamos de liderar”, dice. Una situación que también responde, a su juicio, al trabajo individual por sobre el colectivo, el cual podría ser mucho más relevante si todos los actores (de distintos colores políticos y cargos) unieran sus potencialidades para lograr un objetivo común.
Para la diputada electa, el problema no es la falta de talento ni de recursos. O’Higgins sigue sin capturar plenamente el valor de lo que produce ni definir hacia dónde quiere crecer. Esa lógica, advierte, termina vaciando el territorio de futuro. “Los hijos y los nietos ven todo el esfuerzo de sus familias y dicen ‘yo no quiero seguir en eso’. Por eso tenemos comunas que envejecen, porque no hay proyección real para quedarse”.
El diagnóstico es claro: sin una estrategia que conecte economía, infraestructura y capital humano, la región corre el riesgo de seguir siendo rica en recursos, pero pobre en desarrollo. Por lo tanto, el desafío va más allá de temas técnicos o de competencias profesionales, sino que también cree que va de la mano con la voluntad política de las autoridades locales, regionales y nacionales, quienes deben avanzar en un proyecto conjunto. Frente a esto, está convencida que es urgente, por ejemplo, repensar también a la institucionalidad relacionada con la agricultura del país.
La nueva ruralidad como columna vertebral
Para la diputada electa, la Agricultura Familiar Campesina es uno de los pilares sobre los que se sostiene la vida social y productiva de Colchagua, Cardenal Caro y de la región. “La AFC es el motor económico de muchas de nuestras familias, no sólo en mi distrito, sino en toda la región”, afirma.
Su crítica no apunta a la falta de esfuerzo o de búsqueda de los agricultores, sino a un modelo que no les permite proyectarse. “La agricultura hay que defenderla, modernizarla y abrirle nuevos espacios. Yo hablo de una nueva ruralidad, porque no podemos quedarnos atrapados en los fantasmas del pasado ni solo en la lógica de la bonificación”.
Esa nueva ruralidad ya existe, sostiene: jóvenes que quieren quedarse en el campo, diversificar sus cultivos, emprender, no perder la tierra heredada de sus padres o abuelos. Pero esa voluntad choca al ver la realidad mayoritaria de sus familias. Pese a su permanente esfuerzo no logran un crecimiento sostenido. “Muchos terminan vendiendo o arrendando sus tierras para poder subsistir”. Agrega además que, frente a esta realidad la población más joven abandona las comunas del distrito generando una dificultad de la que también hay que hacerse cargo.
Del mismo modo, propone revisar con atención la situación del agua para la agricultura, entendiendo que esta atraviesa todo el proyecto agrícola y también de otras actividades económicas centrales, como el turismo. En una región donde la producción depende de embalses, tarifas y derechos de uso definidos muchas veces lejos del territorio, Cucumides pone el tema en el centro. “Defender la tierra y el agua es defender lo que somos. La tierra sin agua no tiene efecto”, dice, planteando que la discusión sobre propiedad, precios y tecnificación del riego no es solo técnica, sino política: define quién puede quedarse y quién termina abandonando el campo.
A esa base productiva suma una mirada más amplia. Para ella, la agricultura no debe pensarse aislada, sino articulada con el turismo, la exportación y la identidad cultural de la región. “No hemos dimensionado el peso específico que tiene la agricultura chilena, ni su vínculo con el mundo vitivinícola y con los nuevos productos que están teniendo demanda afuera. Tampoco hemos cuidado suficientemente el suelo, el impacto del cambio climático o los incendios forestales”.
A lo anterior agrega: “yo sigo insistiendo que Chile es un país maravilloso, bello, pero que no le hemos sacado el provecho, no nos hemos puesto los pantalones ni las faldas largas, para decir que el turismo, la agricultura, la pesca, el surf o el cobre, tienen que ir de la mano mucho mayormente, porque es ahí donde está puesto el desarrollo de nuestro futuro”.
Y, con el mismo énfasis, Carolina también reconoce otras materias que deben ser atendidas: la brecha de género en el mundo agrícola, donde aún no hay acceso equitativo a créditos, respecto a los hombres, para financiar procesos productivos; la falta de titularidad de terrenos para cosechas, las brechas en oportunidades y el uso del tiempo y horas de trabajo, entre muchas otras situaciones que también abordará desde la cámara de Diputadas y Diputados.
Por eso insiste en que la “nueva ruralidad” no es una consigna, sino una estrategia. Una forma de proyectar el campo como economía, como cultura y como destino. “Para mí, la agricultura es un motor fundamental, pero no solo con el sello de producción, sino desde el cuidado del medio ambiente y una identidad clara de nuestras generaciones. Esa es una batalla que quiero dar desde el Parlamento”.
Frente a eso, la futura parlamentaria plantea la necesidad de re-mirar la institucionalidad que, según cree, debe modernizarse y asumir la realidad actual, poniendo un especial énfasis en servicios como INDAP, CORFO y FOSIS.
“Yo creo que Corfo hoy día tiene que mirar y juntarse y dar una vuelta de cuál es nuestro próximo desarrollo económico en los cuarenta, cincuenta años que vienen. Corfo, FOSIS, INDAP. Porque si seguimos administrando solamente pequeños esfuerzos locales, sin una matriz, sin una lógica donde la universidad regional tiene mucho que decir y tiene mucho que aportar en investigación, en desarrollo, en permanencia con las comunidades, no tenemos futuro”, explica.
Pero, además de la perspectiva de “lo que falta”, Cucumides sí reconoce los avances que ha logrado. “Yo creo que hay grandes esfuerzos de INDAP, la tecnificación ha sido un cambio distinto de la forma de riego para muchos pequeños agricultores, pero falta el apoyo a la comercialización y ese es ahí donde estamos al debe. Por eso hablo de Corfo, de cómo generar esta mirada con INDAP, de cómo apoyar al pequeño en la comercialización, ya sea a través de las cooperativas o nuevas formas”.
Planificar la región, disputar el futuro
Para Cucumides, la falta de planificación no es un problema técnico, sino una decisión política. “Hemos visto que no hay una planificación estratégica de nuestra región, con todo lo que tenemos”, afirma, en referencia a un modelo que ha privilegiado la administración del día a día, por sobre la construcción de un horizonte común.
La diputada electa cree que O’Higgins ha quedado atrapada en una lógica de cortoplacismo, marcada por ciclos electorales permanentes que impiden pensar más allá del próximo período. “Estos años, en que no vamos a tener tantas elecciones seguidas, debieran permitirnos pensar, liderar y proyectar la región de una manera distinta. Algo nos pasa: no nos creemos el cuento, miramos siempre a Santiago como guía y nos olvidamos de liderar”.
Desde su mirada, el Estado tiene un rol que no se ha querido asumir del todo: ordenar, coordinar y empujar el desarrollo. Por eso habla de Corfo, INDAP, FOSIS y la universidad regional y de gobernar con mirada de largo plazo. “Uno tiene que proyectarse a cuarenta o cincuenta años”.
Esa proyección, dice, no se construye solo con discursos, sino con infraestructura, conectividad, energía, educación y servicios públicos capaces de sostener una economía local fuerte. “No basta con producir bien; hay que poder quedarse, vivir y desarrollarse en el territorio”, resume.
Con esa convicción, Cucumides llega al Parlamento dispuesta a usar su escaño como una tribuna para disputar el lugar de O’Higgins en el país. No como una región que provee y espera, sino como un territorio que define su propio rumbo.
Cuando la política deja de pensar en el futuro colectivo
Para Carolina Cucumides, uno de los principales obstáculos para que O’Higgins pueda proyectarse es la forma en que hoy funciona la política. Una estructura, dice, fragmentada en instituciones que miran solo sus propias metas y presupuestos, sin una visión común.
“Cada institución está tan departamentalizada, cada cual preocupado de cumplir sus metas o de gastar su presupuesto. Es la miopía política máxima que tenemos en Chile, y en particular en esta región, sólo mirar las cosas por el cumplimiento de los cuatro años, porque quiero ser reelecta o porque quiero mantenerme en el cargo”, afirma.
Esa lógica, sostiene, ha ido dejando fuera la proyección de largo plazo. “Nos hemos olvidado de la proyección de la región. Por eso no hay una planificación estratégica de O’Higgins, con todo lo que tenemos”, agrega, insistiendo en que los próximos años, con menos elecciones seguidas, debieran permitir “pensar, liderar y proyectar la región y el Distrito 16 de una manera bien distinta”.
La crítica no se queda en la institucionalidad. También apunta a una cultura política marcada por el individualismo y los liderazgos personales. “El individualismo se ha perpetuado en función de personas. El parlamentarismo ha sido muy complejo en la forma de conversar como sociedad”, dice, al explicar por qué quiere ser “una parlamentaria diferente desde el territorio”, donde la gobernanza no se concentre en una sola figura, sino que se comparta.
Cucumides no elude la autocrítica hacia su propio sector. A su juicio, la centroizquierda y la izquierda han privilegiado acuerdos electorales por sobre la construcción de una visión común de país. “Fuimos dejando de conversar, de proyectarnos, de definir cosas hacia adelante. La autocrítica tiene que ser bien descarnada”, afirma en un contexto donde aún siguen los coletazos de la pérdida de la presidencial y de otros hechos que han golpeado al sector post elecciones.
En ese vacío, advierte, han prosperado los caudillismos y las disputas internas. “Los cuchillos más fuertes están al interior más que al frente, y eso no puede seguir pasando”, dice, convencida de que sin una política basada en la construcción colectiva no hay futuro posible.
Por eso insiste en que el desafío no es solo ganar elecciones, sino recuperar el sentido del para qué. “El tema está hacia dónde quieres llegar, qué quieres transformar, el por qué estás ahí. Si pierdes el foco del futuro, te quedas solo defendiendo lo inmediato”, afirma.
Desde esa mirada, llama a reconstruir una centroizquierda capaz de pensar más allá del corto plazo. “No hay que pensar en el aquí y el ahora, sino en los próximos 40 años. Cuando invitas a la gente a ser parte de un proyecto colectivo —no de quién lo encarne— ahí es donde se recupera la política”.
Carolina Cucumides asumirá su nuevo rol el 11 de marzo. Llegará a un hemiciclo donde sólo hay un 34% de participación femenina (103 diputados y 52 diputadas), donde de los 9 parlamentarios de la región sólo 3 son mujeres. Una situación que, según señala, es otra razón para seguir trabajando, pero eso será para otra conversación.